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Cuando visito una ciudad nueva intento descubrir lo máximo posible de la vida real y del ambiente que se respira en ella. Huyo de los escenarios creados única y exclusivamente para los turistas y suelo adentrarme en esas calles no tan céntricas o tan bonitas, que es donde viven los ciudadanos de a pie. Pasear, usar el transporte público, comprar en un supermercado o en una tienda de barrio, son algunas de las formas que se me ocurren para sentir su pulso. Será por mi gusto por la buena mesa, que además creo firmemente que no hay nada mejor para conocer a un pueblo que saber qué come, cómo cocina y dónde compra la comida.

En mi último viaje visité Riga, capital de Letonia y ciudad que, sin llegar a 700.000 habitantes, es la más poblada de los países Bálticos. Para ser sincera, desconocía por completo cualquier detalle sobre la forma de vida los letones, así como su gastronomía.

Una de las cuestiones que me llamó la atención al pasear por las calles de Riga es que la gente parece estar en plena forma, sin un kilo de más y con una capacidad increíble para envejecer con un físico y cutis perfectos. Lo primero que uno piensa ante esto, es que la respuesta tiene que estar en lo que comen, así que nada mejor que visitar el Mercado Central de Riga para comprobarlo.

Mercado Central de Riga

Había leído que ya sólo por su arquitectura, que mezcla los estilos neoclásico y art-decó, merecía la pena acercarse a contemplar el que a fecha de su apertura fue el mercado más grande de Europa, allá por 1930. No en vano, tiene una superficie de más de 72.000 m2.

Uno debe visitarlo sabiendo que entre los muros de este edificio se encierra mucha historia, ya que en su construcción se reutilizaron hangares de zeppelines usados por las fuerzas aéreas alemanas durante la I Guerra Mundial. Además, el Mercado ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1.998. Por algo será.

Exterior Mercado Central de Riga

Pero, lo más importante cuando uno cruza por primera vez las puertas de este mercado, es llevar agudizados todos los sentidos e ir preparado para dejarse emborrachar por una increíble mezcla de olores, colores y sabores.  Cada una de las 5 naves del complejo está organizada según el tipo de producto que se ofrece: carne, pescado, frutas y vegetales, así como una nave final a modo de ultramarinos (con productos lácteos, artesanía, etc.).

Puesto de vegetales en Riga

Tanto si vamos a comprar como si estamos sólo de visita, disfrutaremos de una gran variedad de productos frescos y ahumados, pasteles y panes elaborados de forma artesanal, frutos secos o especias que no nos dejarán indiferentes. Hasta podemos ver un puesto de productos españoles en la que un amable dependiente cubano nos enseñará los más típicos productos de nuestra tierra al tiempo que nos desvela un poco más de la vida cotidiana de la ciudad.

Pescado ahumado

Puesto especias

Una vez completado nuestro circuito por el interior del mercado, no podemos olvidarnos de hacer una pequeña ruta por los alrededores. Cientos y cientos de pequeños puestos nos esperan en un mercadillo al aire libre en el que nos encontraremos con más comida, ropa, artículos de segunda mano y hasta comida para gatos.

Puesto exterior con granadas

Puesto de comida para gatos

Si nos fijamos en la arquitectura de la zona, descubriremos una serie de naves industriales construidas a finales del siglo XIX y que ahora se usan para actividades muy diferentes (salas de conciertos, fábricas, almacenes, restaurantes…). Son fáciles de identificar por el color rojizo de sus ladrillos.

Nave usada como sala de conciertos

No sé si volveré a visitar Riga en alguna otra ocasión, pero para vosotros, los que estáis a tiempo de descubrirla por vez primera, no olvidéis daros una vuelta por las inmediaciones del gran Rīgas Centrāltirgus y, por supuesto, entrad, sentid y disfrutad de un complejo tan grande como sorprendente.

Cuando lo hagáis, ya me contaréis ;)

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